En perspectiva, Año cero

Creo que vale la pena empezar por recordar el país que recibe López Obrador, no para excusarlo, sino para situarnos en el escenario en el que empieza su mandato, en 2018, en su triunfo, el país estaba sumido en una ola de violencia sin precedentes, con muchas causas y culpables, con instituciones de seguridad débiles, lleno de impunidad a todos los niveles (entre más tienes, más impune eres), con la corrupción como aceite lubricante de la maquinaria del poder, con una educación por los suelos, macroeconomía estable, modelo económico desigual y con crecimiento mediocre y selectivo, con política exterior de perro faldero de EUA, sectores olvidados, poderes fácticos gobernando, y una administración pública ineficiente, con pequeños sectores especializados, que iban haciendo cambios marginales y nada despreciables.

Llega AMLO hace un año, entra en funciones hace siete meses, en economía los datos dicen que 0.1 crecimiento del PIB (pobre, era mínimo 1.5); 3.5 tasa de desempleo (oscila entre 3.2 y 3.6 en el último año, ahí la lleva); 6.9% aumento de IED (no que no hay inversión…); 5 pts. Crece la exportación; 3.4% apreciación del peso vs dólar (algunos como profetas se mueren de hambre); 2,700 mdd promedio de envíos de remesas (sigue y no es tema menor).

La inseguridad, me parece es una deuda en términos de resultados y de estrategia, muy bien por enfrentar el robo de combustibles (hay voluntad, las cifras son cuestionables y la implementación como de aprendiz); la Guardia Nacional, la misma gata, pero revolcada… no hay estrategia de seguridad operativa, esa ola de violencia no veo por dónde baje en este sexenio.

Hay logros en materia social, al menos en ciertos aspectos: aumento al salario mínimo (como hace mucho no se hacía); reforma laboral que fortalece a los trabajadores (es gobierno de izquierda, si no les gusta, que ganen elecciones los pro-patronales); y apoyo a sectores vulnerables (por más que los ataquen, los ninis no están así por flojos, el “echaleganismo” es repulsivo y de gran ignorancia en temas sociales).

Hay logros que como politólogo uno debe admitir: “El viejo” marca la agenda política, todos hablamos de AMLO, tiene una aceptación de más del 60%, tiene un timming perfecto, la experiencia lo hace medir muy bien eso, y el poder se ejerce en su oficina, como político, en este momento, nadie lo iguala en el país, más allá que nos guste o no el estilo.

¿Y lo malo?, no veo un rumbo muy claro, crea instituciones que dependen de él, el modelo económico con base en el petróleo es un balazo en el pie, sobre todo porque es una base única, no diversificada, alguien dígale que hay que apuntar diferente, pero es terco “el don” y se muere con la suya.

No veo un cambio profundo, incluso algunos signos más conservadores de lo esperado, confundiendo austeridad republicana (muy bien) con adelgazamiento del Estado a lo zonzo (21 mil burócratas menos), no se trata de que haya menos, sino que trabajen bien, que se eficiente la maquinaria, no que se le quiten partes nomás porque sí; la administración pública era profundamente ineficiente y corrupta, ahora sólo son menos, “ah no pos sí”. La Administración Pública es un auto que se repara y mejora en movimiento, acá le quitan piezas y lo tienen detenido, porque no sirve como debería, pero a pie no llegamos… neta no llegamos.

Para el análisis continuo de lo que pasa, me parece necesario distinguir entre señales y ruido; señal,: aumento al salario mínimo; ruido: es como Chávez… ya cámbienle; señal: detención de inversión pública; ruido: no sabe lo que hace… no entienden lo que hace, que es distinto; señal: gobierno entrega dinero directo a ciudadanos, modelo de política social ineficaz y burdo; ruido: populista, corrupto… ¿no se muerden la lengua?; señal: consultas sin validez, pura lengua; ruido: es un dictador… ya lean poquito; señal: no hay reforma fiscal para financiar estado de bienestar; ruido: persecución a periodistas opositores… los que chillan, no son los perseguidos, sino los privilegiados de antes.

Para finalizar, creo importante señalar los riesgos que encuentro en las formas, y en algunas señales: no hay oposición política que entienda, le quieren pelear en la calle, se los va a comer, no saben de masas, de plazas, y no se renuevan, son estructuras enquistadas y sin aprendizaje del entorno. Me parece un riesgo que nos acostumbremos a discursos sin apego a datos certeros, que desarrollemos tolerancia a las ambigüedades del Presidente, y que vayamos a retomar la manera de hacer política a la vieja usanza, sin datos, con cifras engañosas, con verdades subjetivas, y AMLO está lleno de eso, es político viejo, es viejo político, no se nos olvide.

This Post Has One Comment

  1. Creo mi Carlos que la estrategia es (al quitar esa gran cantidad de burócratas) que se centraliza aún más el poder, por lo tanto es más fácil controlar. AMLO me da miedo, me inquieta demasiado y solo espero que la vejez haga lo propio y trascienda del plano terrenal al celestial y no del corrupto al autoritario.

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