El partido que empieza

Por: Carlos Pérez

La relación entre Estados Unidos no siempre ha sido armónica, no siempre hemos dependido de ellos, pero siempre hemos tenido que cuidarnos de ellos, no les interesan nuestros problemas, hasta que les afectan, y no les interesa nuestra gente, les interesa nuestro territorio, esa ha sido la constante, no podemos hablar que a los gobiernos de Estados Unidos les importe México, pero estas generaciones de mexicanos hemos crecido con una admiración desmedida e irracional sobre lo “americano”, son la potencia occidental en decadencia, pero potencia al fin, eso no significa que sea deseable ser como ellos, cuestión de alguna otra entrega sobre paradigmas de desarrollo.

Tenemos a la principal potencia mundial al norte, y con un Presidente cuyas formas políticas son poco ortodoxas, dice lo que piensa, miente sin dudar y amenaza sin mayor mesura, es un empresario rapaz y bully haciendo política. De nuestro lado, un país con muchas carencias, metido en una espiral de violencia sin indicios de salir de ella, con un Presidente poco ortodoxo, con discursos simbólicos y poco claros, que ha sido político de vieja escuela toda la vida.

Las amenazas de Trump con los aranceles, son el primer gol, porque quien pega primero, pega dos veces, y pensamos que el pleito era sólo con China, pues no, los pleitos son los que tenga que haber para ganar 2020 para Trump, andaba dormido nuestro Canciller y AMLO en los temas internos, ¿cómo contrarrestar el golpe?, pues consiguiendo tiempo. De facto México ya era y es el tercer país seguro, no con la forma y obligatoriedad de un acuerdo, pero en los hechos ya teníamos a los migrantes centroamericanos y se ve la manera de que estén en condiciones medio dignas, nuestra política tradición en política internacional nos indica que siempre hemos sido un país acogedor de refugiados y que no vamos a tener una política como la de la potencia norteamericana. 

Nos meten gol de madruguete y se encierran en su cancha con los incrementos arancelarios como amenaza (disculpen las analogías futboleras, pero acostúmbrense porque no encuentro mejores), hay que pensar frío, hay que reacomodarse, hay que agarrar aire, no desgastarse en los primeros minutos. El primer tiempo se acaba en 2020, y puede que el bully delantero, marrullero, salga de cambio al finalizar el primer tiempo, Marcelo la ha jugado bien, hay que aguantar y mermar de a poco (“chinga-quedito” rules), buscando alianzas al interior del equipo contrario donde hay quien tampoco soportan a Trump (jugar con la oposición e incluso con la clase empresarial que se ve afectada por sus decisiones), jugando en otras canchas sin que se den cuenta en este partido (relaciones comerciales con Asia), ganar cierto lapso para montar una estrategia era fundamental, y como en todo partido, hay aficionados que ellos ya hubieran goleado 10 a 1 al rival y ya le saben los puntos débiles, pero no les hacen caso, talentos desperdiciados en el juego de la política exterior.

El juego acaba de comenzar, ni todo está perdido, ni hemos ganado nada, es un juego en el que cada minuto cuenta, nuestro director técnico festeja el reacomodo, es un coach al que le gusta animar a sus líneas aunque no sea objetivo, pero nuestro líbero Marcelo, conoce bien la cancha, me parece que difícilmente podríamos tener un mejor representante en el campo, no viene a aprender, no viene a entregar, pero no se pelea con el toro que tiene enfrente cuando aún es temprano en el partido.

Como aficionado, creo que la apuesta debe ser al cambio en 2020, empezando por debilitar su posición desde ahorita, uno que otro pisotón sin que chille mucho, un empujón que lo encolerice y se desconcentre, cercarlo lo más posible, alejarle a los que le hacen el juego, en caso de que llegue al segundo tiempo y le permitan jugar todo el partido, al menos y lo encontraremos más cansado. 

Hay quienes acusan al entrenador de ser poco objetivo, pero aún creen que estamos para pelearle al tú por tú a Estados Unidos, los partidos en circunstancias disparejas se ganan con paciencia y estrategia, no queriendo jugar bonito y vistoso… A veces dejarles el balón, pero desordenar sus líneas es más efectivo que tener el balón sin saber qué hacer con él.

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