El calentamiento global es un hecho, no una opinión

Por Francisco Urteaga

Hace algunas semanas me escribió una persona para decirme que el calentamiento global es una mentira, porque Donald Trump así lo había expresado. Y que si había un calentamiento era normal, el planeta de forma natural tiene glaciaciones y tiempos calurosos. 

Uno de los problemas más graves de nuestra generación es que hay tanta información que es básicamente imposible analizarla toda y determinar cuál es real y cuál mentira. Es por eso que se están poniendo en boga los movimientos que nos dicen que la tierra es plana, que las vacunas causan autismo y que el calentamiento global es un invento del comunismo. A la gente le encantan las teorías de la conspiración y es más fácil que una persona se aferre a un error que admitir que lo cometió.

El cambio climático es una realidad y nosotros como especie somos en gran medida responsables por él. Hay un acuerdo general entre los científicos serios, (y hago la aclaración de serios, porque hay “científicos” en Rusia que dicen que “curaron” la homosexualidad con una vacuna) que los gases de efecto invernadero (descubrimiento que le valió el Nobel de química al mexicano Mario Molina), en especial el dióxido de carbono están modificando el clima a un ritmo alarmante. Se calcula que al ritmo al que vamos la temperatura empezará a subir en promedio 1°c cada década, lo que provocaría la expansión de los desiertos y la desaparición de los polos, en unas dos décadas, que a su vez originaría inundaciones terribles y hundiría ciudades completas como Nueva York. Lo que convertiría grandes terrenos en inhóspitos e inhabitables lo que a su vez generaría una crisis de refugiados jamás antes vista. 


Estamos llegando a un punto de inflexión donde el calentamiento que existe ya derrite los polos por lo que hay menor capacidad de rebotar los rayos solares, lo que ocasiona que se absorba más calor y se acelere el proceso de calentamiento, es decir, ya estamos dentro del círculo vicioso que podría ocasionar nuestra extinción como especie. 

La mayor parte del dióxido de carbono proviene de dos industrias: 1.- la quema de energías fósiles, gasolinas primordialmente. Sin embargo parece que la opción de los autos eléctricos no representa una alternativa viable, al menos ahora, la extracción de litio, el material del que están hechas las baterías de los autos eléctricos, de nuestras computadoras y teléfonos contamina de una forma igual de alarmante y en muchos países como México la generación de energía eléctrica sigue dependiendo en gran medida del carbón. 2.- la industria de la carne; para producir un kilo de carne se necesitan aproximadamente 15,000 litros de agua, en comparación de los 300 litros que se requieren para sembrar un kilo de papa. Existen más de mil millones de reses en el mundo, más de cien millones de cerdos y casi sesenta mil millones de pollos, todos ellos generan desechos y sus flatulencias generan Co2.

Quizá nosotros como individuos no podamos hacer un mayor cambio pero sí podemos cambiar nuestros hábitos de consumo, dejar de consumir agua en botellas desechables, dejar de usar popotes y bolsas de plástico en el súper mercado, utilizar lo menos posible el coche y moderar nuestra ingesta de carnes, sembrar un árbol y platicarle a nuestros amigos y vecinos de los pequeños cambios que podemos hacer que juntos pueden representar un cambio, exigirle a nuestros políticos la implementación de programas que premien el uso de energías limpias y un alto a la quema de carbón y combustibles fósiles. 

No parecen soluciones definitivas, pero es mejor que no hacer nada. 

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